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Kolovrat

Como un signo de paz

La llegada de esta subida, inédita para el Giro de Italia, está a 1162 metros en el Kolovrat, una cadena montañosa situada en el extremo oriental de Friuli-Venezia Giulia, en la frontera con Eslovenia.

El inicio, sin embargo, está al otro lado de la frontera, en un pueblo a orillas del Soča, cuyo nombre esloveno es Kobarid.

Pero quizá sea más conocido su nombre en italiano: Caporetto.

El propio Caporetto fue el escenario de la batalla que en octubre de 1917 llevó a las tropas italianas a una larguísima retirada que sólo se detuvo en la línea del río Piave.

En aquellos meses, Kolovrat era una zona bajo la responsabilidad del 2º Ejército, que había establecido allí un vasto y articulado sistema de defensa, ya que sus relieves constituían la defensa extrema para impedir que el enemigo penetrara en la llanura friulana.

Entre los oficiales alemanes que más contribuyeron a la caída de nuestras líneas estaba Erwin Rommel, el futuro Zorro del Desierto, entonces un joven teniente.

El 25 de octubre, aprovechando el elemento sorpresa, llevó a cabo la acción que condujo a la conquista de toda la cordillera de Kolovrat y a la captura de miles de prisioneros.

Escribió en su diario que la principal batalla de esos días fue con los bersaglieri italianos en la zona de Livek (Luico en italiano), una pequeña aldea al sur de Caporetto.

Los corredores también pasarían por Livek, encontrándose con él a mitad de la subida, y fue el único tramo corto de los 12 kilómetros que, por lo demás, fue muy duro de pedalear.

Rommel partió de nuevo de Livek al día siguiente, y esta vez sin apenas combatir también conquistó el monte Matajur.

En ese momento se abrió ante él la llanura friulana, desde donde podría haber llegado fácilmente a Cividale, luego a Udine, y después quién sabe.

En su lugar, fue enviado al norte, para abrirse paso hasta el valle del Piave, y lo hizo utilizando un medio de transporte muy utilizado en la guerra en aquella época: la bicicleta. También en esa ocasión tuvo éxito.

Volvió a anotar en su diario: “A caballo y en bicicleta como estamos, pronto alcanzamos a los primeros italianos en la carrera. No hay choque. Sólo hay que gritarles que se rindan…”.

105 años después de aquellos sucesos, el Giro de Italia vuelve a llevar la bicicleta hasta allí, entre Caporetto y el Kolovrat.

Pero esta vez sin ejércitos, sin derrotas sangrientas ni heroicidades sangrientas.

Sólo con la intención para la que se inventó: un juego maravilloso que une a todos, como un signo de paz.

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