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Etapa 6

Paestum > Napoli


Una salida inolvidable.


Paestum

Paestum, fundada a finales del siglo VII a.C. por colonos griegos, con sus tres majestuosos templos dóricos en excelente estado de conservación, es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del Mediterráneo. Antes del inicio de la etapa, la visita al Parque arqueológico es, por tanto, obligada. El templo más grande —y en mejores condiciones— es el de Neptuno, que data de mediados del siglo V a.C.; el más antiguo (h. 560 a.C.) es el templo de Hera (h. 560 a.C.), conocido también como la Basílica; el templo de Atenea (terminado hacia el 500 a.C.) se encuentra en el punto más alto de la ciudad. Merece también una visita el Museo Arqueológico, que conserva piezas halladas en la zona, como una estatua de Zeus de finales del siglo VI a.C. y la llamada Tumba del Buceador, singular testimonio de la pintura griega del siglo V a.C.

No es casualidad que Paestum sea la estación final del ‘Archeotreno’, el tren de época que en fechas fijas llega desde Nápoles pasando también por Pompeya.
Animada y vibrante, Salerno se ha ganado una amplia proyección por su capacidad de evolucionar también en el ámbito artístico y arquitectónico. En el casco histórico se concentran los edificios más antiguos: la Catedral árabe-normanda con espectaculares mosaicos, el Jardín de Minerva donde se cultivan plantas medicinales desde hace siglos, la piazza Flavio Gioia y el Largo Abate Conforti con sus fuentes monumentales, y el soberbio Castillo longobardo de Arechi que ofrece una magnífica vista al mar. Son obras maestras contemporáneas la Estación Marítima diseñada por Zaha Hadid, la Piazza della Libertà y el Crescent de Ricardo Bofill, y la Marina de Arechi de Santiago Calatrava. Un amor por lo bello que también puede apreciarse visitando uno de los muchos astilleros de la zona, cuna de maravillosas embarcaciones demandadas en todo el mundo.

Napoli

A continuación se atraviesa Vietri sul Mare, un magnífico pueblo con un casco histórico muy colorido, hermosas playas y una tradición celadonera de varios siglos. La destreza de los artesanos locales se celebra en decenas de talleres y en el Museo de la Cerámica, con extraordinarias piezas que abarcan del siglo XVIII al XX. Desde aquí el Giro inicia un largo tramo por el interior pasando por Nola (espectacular la Catedral), Acerra y Afragola, donde los corredores comenzarán la largísima recta final hacia la meta de Nápoles. Tras aplaudir al vencedor en la Piazza del Plebiscito, toca descubrir una ciudad siempre sorprendente. El tiempo, quizás, apremia, y hay que hacer elecciones. Que, en orden aleatorio, podrían ser el Palazzo Reale, el Duomo de San Gennaro, el Castel dell’Ovo, el Maschio Angioino, el Museo y Real Bosco di Capodimonte, o el Monasterio de Santa Chiara. Los desplazamientos entre los distintos lugares permiten además conocer barrios muy diferentes entre sí en cuanto a arquitecturas y tradiciones, pero sobre todo captar el ambiente de una ciudad única en el mundo.