Tan apretado que por momentos pensaba que no había ganado. “No estoy seguro“, confesaba, todavía un poco incrédulo, Paul Magnier (Soudal Quick-Step) en la ‘flash interview’ de Sofía. Pero sí. segunda etapa del Giro d’Italia en tres días, Maglia Ciclamino reforzada y la convicción de que muy pocos podían esperar tamaña irrupción. Quizás el que menos, Jonathan Milan (Lidl-Trek), que por un tubular, como se dice en la jerga ciclista, ha vuelto a no convencer y se lleva trabajo pendiente a Italia.
Antes del esprint cantado, emoción en varios frentes, una duda y un gesto de enorme compañerismo. Lo veíamos en la ascensión a Borovets, primer GPM de 2ª categoría de este Giro. Arnaud De Lie (Lotto Intermarché), todavía afectado por los restos de su infección en Bélgica que casi le deja sin carrera, volvió a quedarse. Y Victor Campenaerts (Visma | Lease a Bike), amigo y compañero durante tres años, le sostuvo un rato el bidón -hay que ver lo que influye medio kilo hoy en día con tanto avance aerodinámico- e incluso ofreció rueda a sus compañeros. Al final, no pudo ni esprintar.