Paul Magnier es un joven con prisa y con una obsesión: solo piensa en ganar. Y eso que se había marchado de vacío de su primer Giro, el año pasado, donde no pudo hacer mejor que tercero en Nápoles. Un año después, aquí se halla, en lo más alto, en el primer escalón del podio de Burgas, para vestir la primera Maglia Rosa repartida con motivo de la Grande Partenza en Bulgaria. “Estoy muy emocionado y orgulloso“, saboreaba el velocista de Soudal Quick-Step con una enorme sonrisa, la de un joven acostumbrado a morder la vida y los trofeos a dentelladas.
“La victoria es un motor de motivación“, reconocía en sus inicios profesionales, en los que ya brilló por todo lo alto: triunfo en el Trofeo Ses Salines-Felanitx, en enero de 2024, su primera carrera entre los grandes. “De todas formas, todos los campeones lo dirán: lo que les gusta es ganar“, añadía aquella estrella en ciernes. “Cuando eres joven y te dicen que eres líder en tu primera carrera, no siempre es fácil de gestionar“, rememora, tez morena, alto pero no altivo. “Pero con grandes corredores como los del Quick-Step puedes aprender muchísimo y muy rápido“.