La última imagen que tenemos de Michele Scarponi en el Giro d’Italia es junto a su amigo Vincenzo Nibali, en aquella mágica edición en la que, juntos, en dos días, dieron la vuelta al Giro a favor del siciliano. En la etapa Pinerolo-Risoul, Scarponi se encontraba en fuga, en cabeza y en solitario, camino de lo que muy probablemente habría sido una victoria de etapa, tras seis años sin ganar en la Corsa Rosa y tres sin cruzar la línea victorioso en ninguna carrera.
Sin embargo, por detrás, el capitán Nibali atacaba y comenzaba su asalto a la Maglia Rosa. Para Michele no hubo dudas, ni vacilaciones, ni egoísmo: se detuvo y esperó a Vincenzo, renunciando a cualquier gloria personal y lanzando al Tiburón hacia el éxito. En una carrera repleta de victorias (también el Giro de 2011 y tres etapas), la fracción de Risoul de 2016 es la que mejor resume al corredor, pero, sobre todo, a la persona que era Scarponi.
Hace 9 años nos dejó de repente, apenas unos días antes de participar en su 12º Giro d’Italia. Tenía 37 años, le quedaba toda una vida por delante. Altruista, jovial, irreverente. Padre, marido, hijo y amigo. Una figura positiva para todos los que le rodeaban, en la bici y fuera de ella. “Siempre se van los mejores”. Con Michele nunca pudo ser más cierto.