El recorrido
Etapa alpina de montaña constituida por una secuencia ininterrumpida de subidas y bajadas, casi sin tramos de respiro entre ellas. Nada más partir se escala la larga subida de Saint-Barthélémy (1ª cat., 15,8 km al 6,1%), a la que sigue un descenso amplio y rápido de casi 20 km. Breve tramo de aproximación a Aosta e inmediatamente la subida del Valpelline, que culmina con Doues (3ª cat., 5,8 km al 6,2%), la subida menos dura del día. Una vez completado el descenso y llegados de nuevo a las cercanías de Aosta, se escalan Lin Noir (1ª cat., 7,4 km al 7,9%) y Verrogne (2ª cat., 5,6 km al 6,9%), separadas por un brevísimo descenso, y después, de vuelta al valle, la subida de Pila, por la vertiente de Gressan.
Los 16,5 kilómetros al 7,1% de media, con rampas que no superan el 9%, dibujan una subida regular pero exigente, digna de un gran escenario alpino. Desde la cima, en los días despejados, la mirada abarca algunas de las cumbres más icónicas: el Mont Blanc, el Cervino, el Monte Rosa y el Gran Paradiso.
Pila ya ha escrito páginas importantes en la historia del Giro, sobre todo entre los años 80 y 90, aunque en el pasado siempre se afrontó el ascenso por la vertiente de Pont-Suaz. Esta vez, en cambio, se subirá por el que tradicionalmente era el lado de bajada. En 1987, Robert Millar precedió a Marino Lejarreta y a la Maglia Rosa Stephen Roche, mientras que en 1992 fue Udo Bölts quien se impuso desde la fuga, en una edición que acabó ganando Miguel Indurain.