Cuando llegas a la cima del Passo Giau y la mirada se abre a praderas alpinas, cabañas de madera y las paredes majestuosas de los Dolomitas – con el Nuvolau haciendo de centinela – comprendes enseguida por qué está considerado uno de los panoramas más bellos de’l arco alpino. Pero para ganarse esta vista hay que sufrir: 2305 metros de altitud, 29 curvas de herradura y, desde la vertiente de Selva di Cadore, 9,9 km al 9,3% que no dan tregua.
El Giau entró en la leyenda del Giro d’Italia en 1973, en una edición histórica también por ser la primera salida desde fuera de la Península Itálica, en la belga Verviers. Fue un Giro dominado por Eddy Merckx, pero precisamente en el Giau se consumó una de las raras excepciones: en la durísima Andalo-Auronzo di Cadore, entre Valles, Santa Lucia y Cima Tre Croci, se impuso el escalador español José Manuel Fuente ‘Tarangu’, capaz de volar al infinito cuando la carretera se empinaba como pocos otros en la historia.
Desde entonces el Giau se ha convertido en sinónimo de ciclismo de kilates. Incluido en múltiples ocasiones en los recorridos modernos, ha consolidado su mito sobre todo en los últimos años, también gracias a etapas épicas y condiciones a menudo extremas. Como en 2021, cuando bajo lluvia y nieve la carrera se vio trastocada y concentrada la disputa de la jornada precisamente en esta subida. En aquella jornada Egan Bernal, ya con la Maglia Rosa, atacó con decisión, poniendo en dificultades a rivales como Simon Yates, Romain Bardet y Damiano Caruso. Fue uno de esos momentos en los que la carrera cambia de cara: Bernal coronó como dueño y señor, se lanzó hacia Cortina y puso las dos manos sobre el Trofeo Senza Fine.