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Etapa 3 del Giro d’Italia: Biella – Canale. Un reto ardiente

09/05/2021

Etapa 3: Biella – Canale. Un reto ardiente

Como la anterior llegada de Novara llevó a la hoguera a Antonia, la bruja de Zardino, la reanudación desde Biella también está marcada a fuego. No estaba lejos de la salida, a orillas del torrente de Cervo, cuando se prendió fuego a Margherita da Trento. El telón se levantó en un escenario en movimiento, dejando atrás dos vuelos, dos intentos de fuga; dos victorias para el grupo. Se puede reflexionar sobre esos trágicos finales de carrera en un rincón apartado, espartano, pero sugestivo: un pequeño jardín, dedicado a la memoria de Margherita; una vegetación más bien salvaje, el rugido del agua, las fábricas tiradas en la orilla. La paz de la naturaleza en desacuerdo con el ruido de la ciudad circundante. El florecimiento del paisaje invita a no dejarse llevar por el pesimismo: es mejor pensar en cuando los ataques de los corredores anárquicos, refractarios a las jerarquías, tuvieron éxito.

El Giro se encuentra con Biella en 1963, de paso: el grupo la atraviesa y luego sube al santuario de la Virgen Negra de Oropa. A decir verdad, la caravana ha continuado casi siempre hacia arriba, haciendo que la ciudad, en lo que a ciclismo se refiere, sea una sola con la basílica encima. Las imágenes frontales del pico del monte Mucrone, sobre el que se levanta una enorme cúpula, que casi hace que te preguntes qué está haciendo en tan alto, hicieron el resto. Pero los primeros renacuajos que tienen el privilegio de admirar esta vista no tienen tiempo de disfrutarla: la etapa se combate, deja algunas huellas ácidas, y no sólo lácticas.

Vito Taccone, la Gamuza de Abruzzo

Vito Taccone, apodado la Gamuza de Abruzzo, decide dar a la inédita peregrinación un ritmo rápido, haciendo honor, a pesar del patrón de los lugares, a la hondonada que los corredores encuentran a su derecha a lo largo de la subida: el Valle del Infierno. Uno de los primeros en sentir las llamas es la maglia rosa, Ronchini, inmediatamente en problemas. En el papel de atormentadores diabólicos del propio Taccone, se alternan Adorni y Balmamion. El primero no pudo resistir la tentación de escalar, los otros dos se esforzaron por subir en la clasificación. Sin embargo, cuando el rebeco dio su último salto, nadie tuvo fuerzas para responder; en lugar de devorarlo, quizá acompañado de un bocado de polenta, tuvieron que ceder unos metros. Ya no lo atrapan. Adorni no se lo toma bien: afirma que Taccone se ha aprovechado de la situación. Volvió a trotar ágilmente y, como siempre, no se anduvo con rodeos: “Todo son excusas”, a Adorni le importaba demasiado el triunfo, no habría querido obstáculos, pero los creó de todos modos; no estaba loco. Mirando el resto de su carrera, te hace sonreír: un poco de locura ayuda. También en la etapa de nerviosismo con llegada a Canale no pudo estropearse. ¡Fuego a los polvos!

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