El año pasado el Giro d’Italia vio concluir siete de sus etapas con la victoria de un corredor que había atacado desde lejos, en las primeras fases de la jornada. Quitando la contrarreloj, cada día puede ser ocasión perfecta para los que tienen ganas de sorprender y moverse desde los primeros kilómetros. Los porcentajes de éxito son bajos si la etapa es, sobre el papel, adecuada para los sprinters -visto que en el llano es más simple tener controlados a los atacantes-, pero todos los demás días es lícito soñar en grande, incluso en grandes subidas. Sin embargo, hay algunas jornadas que, por diseño y características, serán casi seguramente asunto de los fugados y, cuando es así, habitualmente la pelea más grande se desata al inicio de la etapa, en busca de lograr insertarse en el intento de fuga correcto.
En el Giro d’Italia 2026, si se quisiera, ya en Bulgaria habría una etapa perfecta para los atacantes. La Etapa 2, larguísima, de Burgas a Veliko Tarnovo, si estuviera insertada en cualquier otro momento del Giro d’Italia sería probablemente terreno de caza para los fugados. Pero en el segundo día, con la Maglia Rosa todavía en juego, difícilmente habrá espacio para los atacantes. Los ascensoa a Byala (3ª cat.) y Vratnik (3ª cat.) a mitad de etapa, pero sobre todo el monasterio de Lyaskovets (3ª cat., 4 km al 7%), a nueve kilómetros del final, podrían guiñar el ojo a algún valiente.