Las dos temporadas en que la tercera semana, en su totalidad y no en una única etapa, marcó realmente la diferencia fueron 2016 y 2020. En el primer caso el cansancio acumulado debilitó a los rivales de Vincenzo Nibali, que en cambio y por su parte renació en las últimas jornadas tras un Giro complicado y dio la vuelta totalmente a la clasificación general (llegó a estar 2’51” por detrás del que fuera Maglia Rosa, Steven Kruijswijk).
La edición de 2020 fue una de las más caóticas e imprevisibles de los últimos años. No solo por el covid que nos afectó a todos, sino por la eclosión de Tao Geoghegan Hart e Jai Hindley, que emergieron precisamente en las jornadas finales tras casi dos semanas en que nadie los había tenido en cuenta. En aquella ocasión cayeron primero los grandes favoritos -los “veteranos” Nibali y Jakob Fuglsang-; luego, la Maglia Rosa João Almeida; y poco después, también Wilco Kelderman.
Cada edición, por tanto, tiene su propia historia. No hay reglas escritas. Es cierto que la tercera semana es generalmente la más dura y hay más margen para atacar, pero al mismo tiempo después de ella ‘ya no hay mañana’, así que si las cosas no funcionan ya no se puede remediar. Piernas, táctica, recuperación, saber aprovechar el momento… las victorias en las Grandes Vueltas se construyen poco a poco, día tras día. Cualquier momento puede ser el bueno, y quizás por eso estamos deseando que llegue el próximo Giro d’Italia.