Cada año, el paso del Giro d’Italia por los Dolomitas y la alta montaña transalpina aspira a ser más que una simple fuente de recuerdos épicos.
En 2018, la tormenta Vaia arrasó millones de árboles en Trentino, Véneto y Friuli Venezia Giulia. Regiones habituales de la Corsa Rosa y generosas con sus parajes de valor incalculable, el pasado abril asistieron a un esfuerzo coordinado por el que la carrera quiere devolver a sus territorios lo que la naturaleza les entrega cada año. Un gesto que recordamos este martes 28 de julio con motivo de la Jornada Internacional de la Conservación de la Naturaleza.
Más de 200 voluntarios, aficionados y empresas locales -coordinados por la cooperativa E.R.I.C.A- se unieron para plantar 3.000 nuevos árboles en tres de las zonas más golpeadas, las mismas por las que las etapas 17, 19 y 20 transitaron este mes de mayo. Se trata de una alianza entre el Giro y VAIA, un proyecto de regeneración forestal que este año se incorporó como Sustainability Partner de la carrera. Sendos actos de plantación en Darzo, Canazei y Claut demostraron que el suelo que sostiene a los corredores en la montaña puede también recuperarse gracias a ellos.
Ese mismo espíritu recorre Ride Green, el programa de sostenibilidad que desde 2016 acompaña al Giro d’Italia etapa a etapa, y que ya en 2025 permitió reciclar el 92% de los más de 70.000 kilos de residuos generados a su paso por Italia. La Corsa Rosa demuestra así que cuidar el suelo que pisa no es un gesto puntual, sino parte de su identidad.