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Giro d’Italia 2021, Etapa 17: Canazei – Sega di Ala. No puedes pasar

25/05/2021

Stage 17: Canazei – Sega di Ala. You cannot pass

Etapa 17: Canazei - Sega di Ala. No puedes pasar

Ernest Hemingway llegó a Italia en 1918 como voluntario durante la Primera Guerra Mundial. Estaba recogiendo heridos en el Monte Pasubio cuando conoció a Bartolomeo Aymo, un gran ciclista de los años 20, cuatro veces en el podio del Giro. La típica figura antiheroica que tanto le gustaba a Hemingway, siempre frenada por pinchazos, caídas y otras adversidades. Hemingway le rendirá homenaje dando su nombre al conductor de “Adiós a las armas” que pronuncia una frase muy simbólica: “la bicicleta es una gran cosa”. Sin embargo, fue la bicicleta la que llevó a Hemingway a las trincheras. Llevaba cartas, chocolate, cigarros y mermelada a los soldados del frente cuando fue gravemente herido por una bomba. Un sonido que el escritor recordará “como una tos”. Le marcaría para siempre. 

La segunda vez que Hemingway estuvo en Italia fue en 1948. El conde Federico Kechler le había invitado a pescar truchas. A bordo de un Lancia azul, los dos se dirigían a Canazei, contemplando ese panorama único que enmarca los picos dolomíticos de Sassolungo, Sella y Marmolada, cuando fueron detenidos por un policía. “No se puede pasar, está el Giro d’Italia”. Los corredores habían cogido granizo bajando el Passo Rolle. El bosque, las nubes y la carretera se habían vuelto negros. “Los frenos chirriaron como gatitos llamando a su madre”, escribió Dino Buzzati. Cuando el sol volvió a aparecer, Bartali se limpió el barro de la cara y decidió morder un plátano. Coppi se estiró hacia Canazei. Buzzati observó que “su cara se iba adelgazando poco a poco y su labio superior se retorcía, dándole la peculiar expresión de una rata atrapada en una trampa”. Algunos escritores tienen la capacidad de crear representaciones más vívidas de la realidad en las hojas de papel.

 

Bartali ya ha mordido el plátano y Coppi ya está lanzado hacia la victoria cuando Hemingway los ve pasar

El encuentro dura un momento, dos golpes de pedal redondos, pero el escritor queda fascinado. Había visto muchos Seis Días en París, pero la visión de Coppi y Bartali solos en los Dolomitas era otra cosa. Le encantó tanto que inmediatamente fue a comprar dos bicicletas y, junto con Kechler, se adentró en las montañas. 

Hemingway amaba el ciclismo, un amor más íntimo que público. Una pasión visceral que se mantiene oculta por la imposibilidad de crear una historia que pueda devolver la sensación que le había provocado la visión del Giro en Canazei. Había conseguido contar la historia de la guerra, de los hombres que esquivan los cuernos de los toros, de los pescadores que siguen al mayor marlín del Atlántico. Intentó muchas veces componer una historia sobre el ciclismo, pero se vio obligado a admitir que era imposible “escribir una tan bella como las propias carreras”.

 

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