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6 mayo 2016

Apeldoorn, la ciudad donde los nombres son hacen y deshacen

El crono brillante de Tom Dumoulin del Omnisport Apeldoorn a Loolaan – 9.8 kilómetros llanos como Holanda en 11’03”- abrió el 99o Giro d’Italia con un no sé qué que los americanos llaman el factor X.

Dumoulin apareció en el podio junto al rey Willem-Alexander y garantizó al Giro de Italia celebraciones nacionales y un tremendo público durante los días que quedan de sus vacaciones en los Países Bajos.

La autodefinida carrera más dura del mundo difícilmente podría haber encontrado una locación más adecuada para la Grande Partenza. Incluso antes de la visita real, Apeldoorn había concedido al Tour un enlace real. Wilhelmina, reina de los Países Bajos desde 1890 hasta su abdicación en 1948, y que residió muchos años en el impresionante palacio Het Loo en Apeldoorn, ella era una entusiasta de la bicicleta ya en la última década del siglo 19. Durante una visita oficial a Francia, Wilhelmina ganó el apodo La Petite Reine, “la pequeña reina.” El epíteto se pasó entonces de la monarca a la bicicleta, que hasta ahora se conoce cariñosamente como La Petite Reine.

Volviendo a Dumoulin, mientras él celebraba, otros especialistas estaban en la enfermería. Jos van Emden perdió toda esperanza de victoria en una caída en una curva hacia la izquierda, mientras que Stefan Küng perdió sus opciones en una caída en una curva hacia la derecha. El ciclismo es un deporte de estoicos que persisten a pesar de lesiones que dejarían otro deportistas en la clínica. ¿Cuál otro deporte incluye en el manual técnico una lista de 109 direcciones hospitalárias? Cada escafoide fracturado, cada clavícula rota, cada fractura de fémur, cada boletín médico nocturno tendrá una deuda permanente a Apeldoorn.

700m de la etapa de hoy siguieron un camino paralelo a un pequeño callejón llamado Hoofdstraad donde, en 1848, un mayorista textilero de Prusia, su esposa y su hijo de tres años establecieron casa. El lugar podría ser marcado con una “X” ya que, en 1901, el hijo, Wilhelm Conrad Röntgen, ya Profesor de Física en la Universidad de Würzburg, ganó el primer Premio Nobel de Física de la história “en reconocimiento al extraordinario servicio prestado por el descubrimiento de los rayos que tomaron su nombre.” Röntgen se negó a patentar sus rayos (un gesto verdaderamente real) porque quería que toda la humanidad beneficiara de su descubrimiento que, en ese momento, muchos llamaron los “rayos Röntgen.” El científico, carente de ambición y en la espera de mayor inspiración, los denominó “X-Strahlen” – rayos X.

Debilitado por la fiebre, el Sr. X del día fue Fabian Cancellara, en la última temporada de su gloriosa carrera. Cuando cruzó la línea con el octavo tiempo, se percibió de la multitud como un susurro de Sic transit gloria mundi. Mientras el febril ex campeon terminó su día de forma anónima, otro corredor comenzó a construir su reputación.

Un esloveno ex saltador de esquí llamado Primož Roglič, en su primer año de World Tour, detenía el mejor tiempo durante 53 minutos (menos un centésimo de segundo). A pesar de pérder la primacía, el nombre Roglič nunca más será mal escrito y pronunciado, el cara no será más anomino y nunca más llevará la camiseta del Corredor X. Así que el Giro de Italia una vez más ha confirmado la historia que, aprovechando las oportunidades que a ciudad ofrece, en Apeldoorn se puede hacer un nombre.

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